2 octubre, 2022

Un cuento pedagógico

Por Diobaldo Heredia Gutiérrez

Cuenta Gabriel García Márquez en el prólogo de los “Doce Cuentos Peregrinos” los porqués de esa rara experiencia creativa que le duró dieciocho años y que según él merece ser explicada para que los niños que quieran ser escritores sepan qué insaciable y abrasivo es el vicio de escribir. Ese prologo es un verdadero cuento de una belleza poética extraordinaria, un cuento pedagógico.

Durante un tiempo tomas notas de los tremas que se te van ocurriendo, sin decidir qué vas a hacer con ellas, como una libreta de apuntes (hoy una carpeta en tu computador) que en algún momento serán redimidos de su condición mortal por la sublimación de la poesía.

Las notas se constituyen en estructura como unidad de estilo, tono, ritmo, longitud y carácter que deberá impactar en la memoria del lector desde el primer párrafo, sin dejar pasar el entusiasmo, lo demás es placer íntimo y solitario de escribir y si uno se queda corrigiendo el cuento por el resto de la vida es porque el mismo rigor de fierro que hace falta para empezarlo se impone para terminarlo. Dice Gabo que el cuento fragua o no, las correcciones de una versión a otra, son lo más natural y si se refieren a un contexto pasado y hoy superado o cambiado puede meternos en la encrucijada de la inteligencia, entonces es preferible adoptar la magia de los instintos, como sabe el cocinero cuando el sancocho está.

Traigo a esta tribuna este comentario propuesta a riesgo de adentrarme en un tema bastante especializado en cabeza de los profesores de literatura y por una idea de Matthew Junco Fontalvo, nieto de mi  compadre Pedro Fontalvo, a raíz de su  propuesta en redes sociales invitando a sus coetáneos a leer en estos tiempos de encierro el “Diario de Ana Frank”, que cuenta las vicisitudes sufridas por Ana en su encierro obligado, por la pandemia (persecución) política racial de los nazis contra los judíos; Ana murió en 1946, más o menos a la edad que hoy tiene Matthew, pero mi admiración va más allá del aprecio a su familia, dije algunas palabras de apoyo aplaudiendo su actitud intelectual en la misma red en que este adolescente invitaba a la lectura como forma de sobrellevar el confinamiento provocado por el coronavirus, parangonando y visualizando lo sucedido a Ana Frank con el encierro de hoy. Los placeres o goces que las personas escogen o descubren en sus vidas y se ejercen con vocación desaforada en forma insaciable y abrasiva, como pregona el maestro Gabo, producen esa reflexión de “él quiere puede”. Mi guía para leer buena literatura proviene de los comentarios positivos en los medios que referencian las buenas publicaciones, pero creo que en nuestra América tenemos la fortuna de tener   una elite de escritores de talla mundial que le sirven de marco ejemplar para los noveles escritores.

La temática de la narración en el cuento o en la novela es muy diciente, habla por sí sola, descubrirla por parte del lector produce esa empatía con el autor que se traduce en placer de lo leído y éxito del escrito; el caso de Gabo es sorprendente que una sola palabra haga ese enlace obsesivo de sus cuentos, novelas y hasta de sus columnas periodísticas; esa palabra es: Soledad; todos sus escritos giran en torno a ella en una transposición poética con las claves cambiadas en cada escrito; en la lectura de los “Doce Cuentos Peregrinos” podrás comprobarlo, como la soledad de los Buendía, del Coronel, del Patriarca, de Eréndira, de Florentino, de Bolívar…. .. de las Putas Tristes.

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