28 marzo, 2026

La historia se repite: Colombia en el preludio de la transformación social

Por Nicolás De La Cruz

Cuando viví en Paris, fueron varias las ocasiones en que visité el Palacio de Versalles en las afueras y allí, sorprendido, quedaba anonadado ante la suntuosidad, el lujo, que observaba por todas partes, en los maravillosos jardines, ya dentro del espléndido palacio, entraba a la Galería de los Espejos, paseaba deleitado por los aposentos de la Reina, la Aldea, el Salón de Hércules, la Sala de Espectáculos (o de la Ópera Real).  Todo era espectacular, deslumbrante, abrumador, sin duda que quedó inmortalizada la impronta del Rey Sol, Luis XIV a quien se le adjudica su creación. El guía turístico narraba que en mayo de 1.682 el rey dejó Saint-Cloud y se instaló definitivamente en Versalles, que se convirtió, de esta forma, en la residencia oficial del rey de Francia. Versalles vivió entonces el apogeo de la sociedad cortesana. Luis XIV transformó una nobleza belicosa y potencialmente rebelde, en un grupo mantenido por el Estado, en la persona del rey. El rey, que había conocido durante la Fronda los peligros de una sublevación de la nobleza, quería proteger tanto a la persona real como al gobierno. El rey estableció unas reglas de protocolo que transformaron todos sus actos, incluso los más cotidianos, en un ceremonial casi sagrado. Se la atribuye a Luis XIV, una premonición sobre el destino de Francia cuando dijo: “Après moi le déluge” en español “Después de mí, el Diluvio.” Posteriormente Versalles fue habitado por el delfín conocido como Luis XV, quien era el que hacía las leyes, dejo a sus ministros sin funciones y él asumió el rol del primer ministro, y administraba justicia, la cual utilizaba para proteger a sus amigos y perseguir, encarcelar a sus enemigos, tenía el poder absoluto en sus manos de los cual se ufanaba diciendo “L´Etat se moi” (El Estado soy yo). Luis XVI lo remplazó y se dejó dominar por su esposa María Antonieta, llamada por el pueblo “Madame Déficit”, y a propósito, de un procedimiento injusto, Luis XVI justificándolo expreso: “C´est legal parce que le je veux” (Es legal porque yo lo quiero). Versalles vivió el apogeo de la Francia de los Borbones, pero también su destrucción: En Versalles se establecieron los Estados Generales desde 1.789 hasta el 6 de octubre, en esta fecha, el palacio fue tomado por el pueblo y el rey Luis XVI y su familia, fueron obligados a trasladarse e instalarse en París.

El 5 de octubre una manifestación de mujeres, se dirige a Versalles pidiendo pan y diciendo que van en busca del «panadero» (el rey), la «panadera» (la reina) y el «pequeño aprendiz» (el delfín). Al día siguiente, por la mañana, los amotinados, armados con picos y cuchillos, entran en el palacio, matan a dos guardias de corps y amenazan a la familia real, que se ve obligada a regresar a París escoltada por las tropas del marqués de La Fayette y los amotinados. Durante el trayecto se lanzan amenazas contra la reina e incluso le enseñan una cuerda, prometiéndole una farola en la capital para colgarla. Desde entonces Versalles quedó vacío. En 1.792, tras la caída de la monarquía, fue saqueado.

En medio de toda esa pomposidad, lujo, despilfarro, arrogancia, soberbia, despotismo, absolutismo, nepotismo estaban también quienes sostenían los privilegios a la monarquía, el clero y la nobleza, unos trecientos mil privilegiados y éstos silenciosamente estaban encarnados en el pueblo francés; el Tercer Estado conformado por más de 25.000.000 millones de franceses   cuyas condiciones sociales, económicas, culturales y políticas eran en su gran mayoría de miseria, ignorancia y opresión. El antídoto que se inventaron los inconformes con la situación que los aniquilaba como personas,   para cada veneno, fue: contra la miseria el progreso individual, la burguesía seria la impulsora de la economía, el culto al individualismo, el dejar hacer y dejar pasar, “Laissez faire, laissez passer”, que se adjudica al teórico fisiócrata Pierre Samuel du Pont de Nemours (1.739-1.817), contra la ignorancia el iluminismo,  que vendría de disipar las tinieblas de la ignorancia, de la superstición, del bárbaro y oscuro pasado, a través de las luces de la razón. En el campo político, no más clero, ni nobles privilegiados, quienes ni siguiera impuestos pagaban, no más reyes absolutistas que fueran los legisladores, quienes al mismo tiempo ejecutaban la ley y administraban justicia a su acomodo, quedaba proscrito el origen divino del poder del monarca, de ahora en adelante, el poder lo entregaba el pueblo, quien era el soberano. El iluminismo en lo cultural, religioso y económico pretendió destruir todo aquello que era caótico, arbitrario, ilógico y crear una sociedad organizada, racionalmente sobre la base de los derechos naturales. Los mayores representantes del Iluminismo fueron: Voltaire, Rousseau, el del contrato social, Diderot, Montesquieu, quien propuso la división del poder, en ramas legislativa, ejecutiva y judicial con lo que pretendía acabar con el absolutismo, el totalitarismo, el despotismo. Todos ellos fueron los forjadores del ideal social del pueblo francés: Libertad, igualdad y fraternidad, que llevo a la realidad cuando decidió rebelarse con la toma de la bastilla y fundar en 1.789 la República con la célebre Asamblea Nacional Constituyente, atemperada por el fuego de la revolución, en la que hasta el monarca, debía acatar, respetar y cumplir la Constitución Nacional, como no lo hizo lo guillotinaron, en la plaza de la Revolución (actual plaza de la Concordia); anteriormente conocida como plaza de Luis XV, para escarmiento y enseñanza de lo que le pasaría a quien  no obedeciera la LEY, por muy Rey que fuera.

Para saber si la historia volverá a repetirse aquí, en  Colombia, en estos momentos, en los que hasta el Papa pide oración por lo que se viene,  es  bueno saber quiénes son los que están marchando y por qué lo hacen, poniendo en peligro la estabilidad de “las instituciones democráticas” y del “orden social establecido” por el grupo político de  un expresidente que está siendo investigado y juzgado por la justicia penal por la comisión de delitos que pasan por las masacres y van hasta el fraude procesal; se necesitaría estar más que ciego, para no ver  que los inconformes  son esos millones de compatriotas,  que no tienen ninguna propiedad, sino sus insignificantes efectos personales, para quienes la propiedad representa, no algo que poseen, sino algo que amenaza poseerlos a ellos. En general para estas masas el derecho a la propiedad, es una ilusión frustrada, como lo son tantos otros derechos: El de la vida digna, el de la seguridad alimentaria, el de la salud, el de la educación, el de  la vivienda digna, el del acceso a la tierra, por citar algunos, la propiedad no es para ellos,  un derecho natural, personal, consagrado incluso en la Constitución Nacional, lo ven como algo no natural, al que solo tienen acceso en grandes cantidades el narco, el mafioso, el contrabandista, el usurero, el agiotista, el corrupto que saquea al Estado, a quienes muchas veces tratan  de imitar, con tan mala fortuna  de quedar encarcelados, pues en Colombia con la administración de justicia sucede como con las telarañas, por las cuales pasan con toda libertad las moscas grandes y las pequeñas quedan atrapadas, ya que la Ley Penal, en nuestro país administrada por corruptos, que son las manos largas de los “caciques” políticos, ¡que hasta cartel de la toga, tienen!; solo muerde a los de ruana, pertenecientes a los estratos no privilegiados. Los jóvenes que protestan insisten en  que se les proteja contra el abuso que se hace de la propiedad privada y sobre todo la pública, la cual ha sido entregada, como mermelada  a “privados” por el Presidente de la República de turno, desde que el Presidente Gaviria abrió el país al saqueo que él llamó, con el eufemismo de “apertura económica”,  para mantenerles sus privilegios a quienes lo respaldan en el Congreso,  mientras que  las comunidades a la cuales pertenecen estos bienes Estatales naufragan en la miseria, sino vean lo que sucede alrededor de las minas del  Cerrejón en la Guajira, ¿ cuántos niños mueren de física hambre? ¡Como viven en condiciones infrahumanas sus vecinos!, lo que sucede en las afueras del puerto de Buenaventura, donde, ni hospital tienen y les toca trasladar a sus enfermos hasta Cali, muriendo casi todos, en la vía pública, por falta de atención médica, donde  más del 75% de la población pasa hambre, motor infatigable de los desmanes que muestran, pero que no explican sus causas, los canales televisivos nacionales, que según la Constitución, son públicos pero están en manos de privados, siendo algunos socios mayoritarios de los puertos marítimos, por donde entra impunemente todo el contrabando que usted quiera, en detrimento de la creación, conservación y crecimiento de la empresa nacional, impidiendo la producción de bienes y servicios, que pueden ser consumidos a bajos precios, sin estar atenidos a las fluctuaciones del dólar, y el empleo de la mano de obra nacional, para generar ingresos al pueblo colombiano,  y  para no ir tan lejos es bueno echar un vistazo a lo que pasa al  lado del peaje de Tasajera, que el parque automotor nacional paga billones de pesos al año,  donde las personas que habitan, Tasajera, chapotean en los fangales disputándose la comida con roedores y cerdos, rodeados del inmenso océano sin una gota de agua potable;  todos estos bienes son  de propiedad de la Nación o sea de todos nosotros, también de esos “vándalos terroristas”, que les toca arrebatar por la fuerza, el alimento, el agua  que por mandato de la ley teniendo el  derecho a la seguridad alimentaria, según la ilusión constitucional es obligatorio entregárselo, protegérselo y garantizárselo, por  quienes usurpan la autoridad y son gobierno, con el voto que les compran aprovechando su precariedad económica e ignorancia política. El joven que protesta es el inconforme con la educación deficiente que, debe, debió o recibió,  que muchas veces, por no decir todas, cuando tuvo acceso a la educación superior, ahora como “ doctor” o “profesional” sin ingresos, desempleado, está endeudado, pagando a tasas de usura, el crédito que le otorgó el ICETEX, en la universidad de garaje, manejada por el  “cacique político” que la fundó con dinero del Estado, y convirtió el “alma mater” en su fortín político, en el que cambia las calificaciones por votos y a muchos profesores los tiene ganando un pírrico salario convertidos en sus capitanes electorales, que le hacen el favor de llevar a los alumnos y sus familiares a las urnas para que voten por el “Congresista”; para no perder el docente  “la catedra”, ni el estudiante “la beca”;  para que  después cuando fallece sus herederos se disputen a dentellada limpia la dirección para lucrarse de la “Fundación Universitaria,” en detrimento de la formación de alta calidad académica que debe recibir el estudiante como sucede en los países desarrollados donde la educación en todos sus niveles es financiada directamente por el Estado y “ gratis” para todo el mundo. El joven  que protesta  es el inconforme con los  congresistas  privilegiados que tiene Duque comiendo del banquete presupuestal que  no le jalaron,- como le hicieron los nobles a Luis XVI, cuando quebró las finanzas del pueblo francés,  lo  cual lo obligó a convocar al Tercer Estado y cuando los traicionó, lo ahorcaron en la plaza pública, – a  una reforma que buscaba tapar un hueco fiscal que se empezó a abrir desde 2.018-como lo denuncia el columnista de Voz de Oriente, David Caballero De La Hoz-  cuando expidieron las llamadas ley de financiamiento, y ley de crecimiento que quitó 9 billones de pesos en impuestos a los bancos, y 12.3 billones en impuestos a las empresas mineras, con lo que  el gobierno dejó de percibir prácticamente 20 billones de pesos. Al llegar la pandemia, el Estado se sobre endeudó, para solventar los gastos adicionales y subsidios que tenía que dar a medianas y grandes empresas, y a ciudadanos menos favorecidos, para que pudieran resistir los obligados cierres de la economía, necesarios para evitar el colapso del sistema de salud. Sin embargo, el grado de  indignación de los ciudadanos se disparó con dicha reforma porque en plena pandemia, se vieron gastos completamente innecesarios del Estado, como el de un programa televisivo diario, que casi nadie veía, dirigido por el propio presidente; el anuncio de un millonario préstamo, para salvar de la quiebra a una compañía aérea extranjera de  familiares del presidente; la compra de 23 camionetas blindadas para el esquema de seguridad del presidente por $ 9.600 millones de pesos; la compra de 18 tanquetas por 12.000 millones de pesos; el anuncio de la compra de aviones de guerra por 14 billones de pesos. La pregunta válida que todos se hacían era, ¿cómo es posible que se proponga una reforma tributaria que le iba a sacar plata del bolsillo a los estratos 1, 2 y 3 a través de la canasta familiar para sanear las finanzas del Estado, después de haber hecho esos “regalos” al sector bancario y grandes empresas nacionales y extranjeras (beneficiando ampliamente a los grandes), y haber hecho ese tipo de gastos innecesarios en mitad de una pandemia?

Ojalá y no se equivoquen los sabelotodo analfabetos que, dirigen políticamente este país, creyendo que echándole bala a los manifestantes, van a parar el cambio social que se avecina, pues sepan que no estamos frente a vándalos terroristas, mucho menos ante revoltosos  “Castrochavistas”, ni  díscolos adolescentes, ni ante politiqueros pescando votos en rio revuelto,  sino ante masas resueltas una vez por todas, a cambiar la condiciones económicas, culturales y políticas que les impiden tener una vida digna, construida, libremente  con el trabajo, con igualdad de oportunidades en un territorio fértil que bien administrado produce bienestar para todos, la historia se repite pues estamos en el preludio de una transformación social en Colombia, ¿cómo será?, amanecerá y veremos, dijo el ciego.

La pobreza no es un problema de Colombia, es un problema mundial y como tal hay que tratarlo; mientras no se cambie el modelo excluyente de desarrollo, el cual es perverso, oligopólico y por demás inequitativo, el futuro del país será umbrío; no se puede continuar haciendo viejos diagnósticos, hay que plantear soluciones atrevidas y distintas para el desarrollo y que el futuro esté orientado no a las matemáticas de la economía sino a la humanización de la gente; reinventando al Estado y a los mercados globalizados para que el 50% por ciento de las utilidades  de los bienes Estatales que han sido entregados en “concesión” sean devueltos a la nación y se reparten ante quienes verdaderamente las producen, les  pertenecen  las requieren. La inclusión y la transformación social no es una mera retórica, requiere de una ética más que de una política; de un cambio de actitud del modo de pensar en el cual el derecho a la educación efectivamente garantizado jugará un papel significativo y preponderante.

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