28 marzo, 2026

Verdad-decisión

Por Joaquín De La Hoz Bolaño

Importantísimo lo que expone el prominente médico neurocientifico argentino Facundo Manes en una de sus conferencias, donde dice que para nuestra especie humana es más importante sobrevivir que la verdad, que al pertenecer a un grupo social o a una tribu no nos interesa la verdad. Nos interesa aquel que se identifica con nuestra forma de pensar, que la evidencia no nos hace cambiar lo que pensamos; que, si una persona que está convencida por cualquier motivo irracional se le lleva la evidencia que contradice lo que piensa, este aun así seguirá pensando como lo enseñaron, por lo que creerá y le dará la importancia a aquel que se identifica con su pensamiento y no a lo otro. 

Que tenemos dos sistemas de tomar decisiones, una de forma racional, lógico, deliberada, analítica que requiere energía mental, recursos cognitivos, y otra que se hace en forma automática, no consciente, guiado por la emoción del momento y por emociones previas, por aprendizajes y experiencias previas en un contexto que cambia. Que es este último sistema en el que más usamos, o sea que vivimos de forma piloto automático, tomamos las decisiones de forma automática porque esta nos permite sobrevivir tal como lo hacían miles de años atrás nuestros antepasados. Que desde niños hacemos sesgos, esquemas mentales que son como anteojos, y que vamos por la vida en un mundo ambiguo ignorando todo lo que no coincide con lo que pensamos y tomando lo que coincide con lo que pensamos, recordando lo uno y olvidando lo otro.

Pienso que estos sesgos, estos esquemas mentales, se harán más o menos fuertes y en determinado sentido, dependiendo en qué ambiente social, en qué tipo de familia, en qué tipo de tribu se nazca, se crezca, se desarrolle. De todos modos, pareciera que sintiéramos un inmenso placer sentirnos elevados buscando la verdad en lo inmensurable, en lo automático, en lo que no tiene estado, masa, ni lugar determinado; en lo que no tiene inicio, ni final. Propendemos por buscar la verdad, la solución en los intríngulis de lo mágico, de lo misterioso, en lo que nos exalta emociones inmensas por su infinita imponderabilidad y apacibilidad. Pareciera estar destinados a vivir bajo esa perspectiva, es como si fuera un código genético que nos dominara direccionando el camino a seguir, lo digo porque personas que practican, aplican, viven laboralmente ejecutando métodos científicos, pero inexplicablemente al momento de buscar determinada verdad abandonan la capacidad de realizar acciones ordenadas a través del conocimiento, para introducirse en la inmensidad de lo indefinido.

Vivimos buscando la verdad, la solución, la decisión pensando, mirando hacia el zenit infinito, pareciera que en un punto indeterminado de esa bóveda celeste estuviera la solución de lo que aquí en un punto determinado de la faz de tierra está ocurriendo, ¡vaina jodida! O sea, que es muchas más las veces que para tomar nuestras decisiones ignoramos la lógica, el raciocinio, la cognición, el método de investigación científico (lo único que nos da la posibilidad de socavar, de retrotraernos como especie hasta las profundas entrañas de nuestra naturaleza, de nuestro proceso evolucionista) para anteponer nuestro modo automático, nada fácil de entender.

Quizás, esto se dé porque como seres pensantes nuestros antepasados, ante la imposibilidad de encontrarle sentido lógico y analítico a las circunstancias de su diario vivir por razones obvias: no habían todavía desarrollado métodos para hacer un análisis, deliberado, analítico, consciente; hallaron la solución tomando un camino corto, un atajo que le requirió poca energía mental, poca capacidad cognitiva. Se tomaba como causante de todo lo que se veía, sentía, y ocurría, al accionar de unos entes todopoderosos llamados deidades. Lo que le dio a cada tribu una forma simple de esquematizar su forma de vida, su cosmovisión. Lo que ha quedado como huella indeleble en el comportamiento mental, social del ser humano.

Desde nuestra primera etapa de vida, la niñez, somos naturalmente fantasiosos, nuestro cerebro en este periodo esquematiza y funciona sin poder diferenciar lo real y verdadero con lo fantástico; esquematización que no es fácil de abandonar ni superar, por lo que aun siendo adultos mantenemos rezagos de esa primera forma de interpretar la realidad. Quizás comprendamos por qué se busca adoctrinar desde la niñez, puesto que los resultados que se persiguen serán casi del 100 por ciento. Por eso Adolfo Hitler formó su ejército de niños: en el campo de batalla eran mucho más arriesgados e intrépidos que los soldados regulares; estos jugaban a la guerra sin menor prevención; no tenían hijos ni esposas en qué pensar; todos vivían la fantasía guerrera bajo el adoctrinamiento de la locura hitleriana.

En nuestra forma automática de vivir, no tendríamos que volver a hacer el proceso sumatorio que nos enseñaron por primera vez para hallar respuesta cuando nos pregunten cuánto es cinco más cinco, porque nos llevaría cierto tiempo volver a repetir el proceso inicial; y en cambio podemos responder rápidamente con la certeza de un resultado fiable de forma automática a la menor brevedad diciendo que el resultado es diez. Diferente a cuando nos preguntan: ¿por qué tenemos vida?, ¿por qué lo que lanzamos hacia arriba, baja?, ¿por qué brilla el Sol y las estrellas?, ¿por qué enfermamos, morimos? Ya que en este punto habríamos de obtener dos posibles respuestas; una mágica y automática que no requiere gasto mental o análisis. En esta todo es causado por el accionar de deidades que están allá arriba en cualquier lugar del universo, PUNTO; tal como como la hacían nuestros antepasados. Y otra respuesta que requiere gasto de energía mental, recursos cognitivos, análisis, deliberación, lógica, demostración.

De esta manera, y retomando a Manes, dependiendo en el grupo social donde nos hallemos, familia, profesores, amigos, medios de comunicación, etc. tendremos una verdad y una forma de tomar las decisiones. Por eso ante la enfermedad de la covid, que no sería una excepción al caso, son muchas las conjeturas, las hipótesis, los cuentos urbanos, las teorías conspirativas, que han saltado a la vista tratando de desarrollar el origen de su aparición, la solución, y hasta la negación de su existencia. Todas principal y casualmente defendidas por grupo identificado, es decir, cada quien en su “sabio entender social” trata de encontrarle sentido.

¿Acaso Vivimos, como diría Tito Nieves “en un mundo de mentiras, fabricando fantasías, malgastando horas para no pensar”?

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