“UN CONSEJO AL CONCEJO”

En días pasados presenté al Concejo municipal de Santo Tomás un derecho de petición, con la intención de acometer un escrito que pensaba llamar “el concejo invisible” en el cual quería poner de presente que los coadministradores estaban perdidos del panorama y después de inundar las calles con promesas veintejulieras y afiches con foto shop (IA en estos tiempos siderales) se perdieron, porque no volvimos a saber de ellos.
Pero desistí de ese nombre para mi artículo por dos razones:
La primera, por el sensible fallecimiento del concejal Edilmer Charris Muriel, ocurrida en días anteriores y que llenó de congoja a la corporación y la comunidad en general.
La segunda, es que decir “el concejo invisible” es ser benévolo con los ediles. Invisibles, es poco.
Hace un poco tiempo, el número de sesiones y el valor de las mismas aumentó; es decir, los concejales ganan más por concepto de sus honorarios por sesiones. Hacen 80 sesiones ordinarias por año y hasta 40 sesiones extraordinarias por año.
Los honorarios por sesión ascienden a la suma de $311.426. saquen sus cuentas, pero sí, se ganan hasta 37 millones y pico por año.
Pero aunque tengan más sesiones y ganen mejores honorarios, no por ello aumenta su labor. Lo explico:
Durante el año 2024 aprobaron, por votación en bloque unánime tanto en comisión como en plenaria, 7 acuerdos presentados por la alcaldía y el resto del tiempo se la pasaron haciendo “control político” para justificar los honorarios.
Durante el año 2025 aprobaron, por votación en bloque unánime tanto en comisión como en plenaria, 11 acuerdos, 10 provenientes de la alcaldía y uno iniciativa de un concejal, y el resto del tiempo se la pasaron haciendo “control político” para justificar los honorarios.
En lo que va corrido del 2026, es decir, 2 períodos de sesiones ordinarias ya surtidas, solo llevan 2 acuerdos aprobados, por votación unánime en bloque tanto en comisión como en plenaria. Y si, como es lógico, rellenaron el resto de sesiones haciendo “control político” para justificar los honorarios, este año “trabajarán” menos que los anteriores.
La naturaleza de estos acuerdos, y uno que otro vicio de forma y de fondo en algunos de ellos (uno en especial, que bien podría merecer un artículo), no son de mi interés en estas líneas. Si alguien quiere hablar a profundidad del contenido de los acuerdos, me invita a una coca cola y listo. Mas de una sorpresa se llevará…
Quiero pasar a otro punto.
He dicho que en el 2025 se tramitó un acuerdo fruto de la iniciativa de un concejal, en particular, de José Muñoz, actual presidente de la corporación, en relación con “cultura ciudadana para el aprovechamiento de residuos sólidos”. Pero oh sorpresa! Este acuerdo ni ha sido sancionado por negligencia de la alcaldía…
El concejal Vladimir Escorcia presentó otro que versaba sobre “el festival de la yuca y el limón” y “la institucionalización de la feria del libro”. Desconozco las razones que llevaron a su desaprobación (las sospecho), pero la segunda iniciativa merece ser revisada en forma y presentada de nuevo, pues con una buena exposición de motivos y un buen consenso, sería un buen acuerdo. Así mismo, solo este último concejal alzó su voz con vehemencia por la creciente ola de inseguridad.
He tenido conocimiento que para las sesiones ordinarias que inician el próximo 1 de agosto, la concejal Deisy Guardo está preparando un proyecto de acuerdo. Esperemos.
La mayoría de concejales son jóvenes y tienen proyectos políticos a lontananza, pero me pregunto:
¿tendrán cara para pedir nuestro voto para reelegirse o aspirar a la alcaldía, después que se ganaron más de cien millones de pesos durante 4 años por tocar una mesa para aprobar todo por pupitrazo?
¿eran tan perfectos los proyectos de acuerdo presentados que no merecieron un solo voto en contra, ni en comisión ni en plenaria?
¿en los sectores en los cuales viven no hay problemáticas que merezcan o bien un proyecto de acuerdo o bien un cabildo abierto?
Estas líneas no buscan cambiar una praxis aceptada y ya somatizada. Una golondrina no hace verano. Tampoco soy un loco tirando piedras al cielo. Es una conminación a entender la importancia de su rol, a identificar problemas y presentar sus soluciones a través de iniciativas, a ejercer con decoro el control político, y en últimas, queridos concejales, a representar con estricto rigor a la comunidad que confío en ustedes a través del voto popular. El que no escucha consejo, no llega a viejo…
