5 octubre, 2022
Por Julio Lara Orozco

-“Ese porro no se cansa de sonar. Como si estuviéramos en carnaval.”-

Dijo esa mañana mi madre, para referirse al pum-pum incesante de un lejano tambor que pintaba la mañana de africanía; y desde aquel lejano diciembre supe que ese vocablo, “porro” denominaba (para la mayoría de nuestros padres y abuelos) de manera directa a un tambor, o todo aquello que hiciera sus veces y emitiera un sonido similar (potes, baldes, tanques, etc.).

Luego aprendí de dos grandes investigadores de la cultura de la costa caribe dos versiones o hipótesis sobre la voz “”porro”, la primera que dice, que proviene del “porro, manduco o percutor con que se golpea el tambor o bombo y su acción o porrazo” (1) y la segunda, que sostiene “que se deriva de un tamborcito llamado porro o porrito con que se ejecutaba este ritmo” (2), es por ello que nuestro ritmo tomó este nombre: ‘Porro’ por el tambor y ‘Negro’ por el origen del ritmo musical.

En todo caso, cuando hablamos del porro negro y nos referimos al ritmo musical, al canto y al baile que se toca, se canta y se danza en Santo Tomás, sabemos que este ritmo es distinto del de las sabanas de Bolívar y de Sucre y, también diferente de la música del valle del Sinú o el San Jorge o la de San Pelayo o San Antero en Córdoba.

El “porro negro”, música, canto y baile arraigados en Santo Tomás desde finales del siglo XIX y que creció y alcanzó su esplendor en el siglo pasado, se adueñó de las noches de luna y de las calles de arena del viejo Santo Tomás, se tomó los festejos sacros y mundanos e iba de una fiesta de matrimonio a un parrandón de amigos o del Corpus Christi, al 20 de enero en el que aún hoy, sigue derramándose junto con el agua que nos moja de alegría en la fiesta de San Sebastián, preludio del carnaval.

No es originario de Santo Tomás, pero ya es nuestro, nace en las celebraciones nostálgicas de los negros llegados a la Nueva Granada por los puertos de Ciénaga o Santa Marta y hacinados en “Papare” (hacienda esclavista en las inmediaciones de Ciénaga- Magdalena) según la versión del musicólogo, investigador y gestor cultural Víctor Ricardo.

Junto al ritmo de la “jorikamba” aparecen otros, siendo uno de ellos el “porro negro”, este cienaguero sostiene que la organología inicial estaba conformada por un tambor alegre y unas tablas; aún permanece el tambor , pero las tablas fueron reemplazadas por las palmas de las manos y se incluyó un par de maracas.

“El porro negro” mezcla de Música, canto y danza es interpretado por un conjunto formado por tres o más músicos, dos ejecutan el tambor alegre y las maracas respectivamente mientras que los otros marcan el ritmo con palmadas, en esta interpretación una voz estentórea canta primero los versos que son repetidos por dos , tres o más voces, en cada cuarteto se cuentan y cantan anécdotas, hechos o situaciones de forma mordaz, satírica y picaresca; mientras un grupo de parejas (hombres y mujeres) danzan en hilera y luego en desorden, hasta hallar el clímax frenético del negro.

El ritmo es evidentemente un ritmo negro , mientras el baile es una mezcla exótica entre lo afro y lo indígena (3).

Pero también hay “porro negro” y vestigios de este en el departamento del Cesar, más concretamente en las estribaciones de la Sierra nevada de Santa Marta en el resguardo indígena de Atanquez donde todavía se presentan estas manifestaciones del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) en una de las celebraciones culturales más importantes del país: “las fiestas del Corpus Christi”.

Muy probablemente en estos lares “el porro negro” fue influenciado por los elementos aborígenes que hoy vemos reflejados en la danza, cabe anotar que en Atanquez también hay grupos afro, esto se explica porque muy cerca de allí existió un palenque, en lo que hoy son los corregimientos de Valledupar Guacoche y Guacochito (corregimientos afro), donde se toca, canta y baila “el porro negro”, con la diferencia que aquí las mujeres llevan un tinajón en la cabeza mientras bailan, por lo demás es igual.

Además de los sitios antes mencionados las informaciones recabadas en estos lugares indican que en Tamalameque hay vestigios de este ritmo, recordemos que aquí se celebra el Festival Nacional de Tambora (otro ritmo afro) y que en algunos sitios de la depresión momposina es probable que aún subsista esta manifestación del PCI.

Pero lo que sí está claro es que “el porro negro” estuvo o está en los municipios magdalenenses de la rivera del rio grande y que de allí pasó a esta tierra tomasina para quedarse, a pesar de haber decaído y encontrarse en peligro esta manifestación intangible, se resiste a irse y agarrado (el porro negro) con toda el alma a las manos de JOSÉ SALCEDO (tamborero y portador de la tradición de porro negro) y a los pies de LA MONA CARO y CARLOS BORJA (bailadores y portadores de la tradición de porro negro) (4) sigue sonando, cantando y bailando a la sombra de los mangos de mi Santo Tomás querido.

Notas:

1. Valencia Salgado Guillermo, “Córdoba su gente su folclore”, editorial Mocarí, 1995.

2. Escalante Aquiles, “El negro en Colombia”, número18, Universidad Nacional de Colombia, facultad de sociología, 1964.

3. La parte del baile, en el que las parejas hombres y mujeres, en hilera una al lado del otro van adelante y atrás es muy parecido al ritual (danza) que hacen los indígenas en Valledupar en la procesión de la virgen de los Remedios.

4. Esta nota fue escrita antes del fallecimiento de Carlos Borja. Sirva este escrito de

Homenaje a este gran folclorista que aporto tanto a la cultura Tomasina.

Julio Lara Orozco.

Grupo de investigación Orígenes del Porro Negro de Santo Tomás.

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1 comentario en «Aquí vive el Porro Negro»

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