18 junio, 2026

Llegado el 22 de junio podremos sacar miles de conclusiones, porque es muy fácil hacer la alineación después del partido

Pero antes, en estos días previos, debemos recordar que, sin importar el resultado, en Colombia tenemos un sector progresista con vocación de poder y que probó la victoria.

Los abstencionistas y los indecisos son la gran mayoría y quedaron, por omisión y falta de decisión, ensanduchados en un debate álgido y que ojalá no se repita. Pudieron tomar una decisión, diferente o parecida, pero optaron por no optar. 

El voto en blanco no sirve de nada. Es una opción que prevé la democracia y permite la ley, pero no sirve de nada. 

Pero dicho todo esto haré un ejercicio atrevido y muy seguramente polémico: coincidencias y diferencias en los espectros políticos, tratando de ser futurólogo. 

Petro y el enano del carriel tienen en común que son mesiánicos y caudillistas. Hace 20 años, el espaldarazo de Uribe en las elecciones locales era un conjuro victorioso y efectivo; una vez termine la presidencia, Petro se dedicará a apoyar candidaturas locales endosando favorabilidad y votos. 

Se distancian tangencialmente en el respeto por la constitución y la institucionalidad: el gran colombiano modificó la carta política varias veces (la principal para reelegirse) y Petro, óigase bien, Petro no ha tramitado un solo acto legislativo!

Uribe, afecto a los métodos de Joseph Goebbels, usó los eufemismos para esconder la realidad y marcar la pauta de la conversación nacional, con rebusques como la seguridad democrática, los buenos muchachos y el castrochavismo, entre otras finuras. Petro, muy reaccionario, pero también eufórico y desenfocado, habla de la “prensa Mossad”, para estigmatizar periodistas que usan el dogma de “por medio del engaño harás la guerra”, lo que hoy bien puede interpretarse “por medio del engaño tumbaremos al presidente Gustavo Petro”. 

Hoy estamos en el posuribismo y es cuestión de tiempo para que estemos en el pospetrismo. El paso del tiempo es implacable. 

Estamos a esta altura calamitosa frente a una escisión o “fracking” de los sectores progresistas: un sector pragmatista que representa Petro y sus alianzas non sanctas y un sector dogmático que representa Cepeda. En ningún caso estamos frente a una izquierda sectaria y con superioridad moral como la que milita en Santo Tomás y que por eso, dividida por esencia, nunca, jamás de los jamases, tendrá vocación de poder local. Habrá tiempo para una columna posterior que desarrolle esta tesis. 

Mientras Cepeda estudiaba filosofía en la cortina de hierro en la Europa de la guerra fría, siendo testigo de la caída del muro de Berlín, Petro usaba la clandestinidad para justificar una guerrilla que creía, amén de su desmovilización, en la combinación de formas de lucha. Ambas miradas son válidas y obsecuentes. 

Votar por Abelardo por odio a Petro es una reverenda tontería. Alimentan la presencia de un escualo que se mueve a sus anchas en las profundas aguas de la oposición. Una vez lo victimicen se cumple el adagio hindi: el animal herido es más letal.

Bienvenidos al estado pendular de opinión llamado Colombia. 

Abelardo va a ganar la presidencia usando la misma fórmula de Petro hace 4 años: recibiendo y justificando a quienes sumen y demonizando a quienes no arriban al puerto. Maniqueísmo en estado puro.

El establecimiento está feliz con la llegada de Abelardo al solio de Nariño. Así lo fue con el enano del carriel en el 2002, pero cuando el ítalo- americano se quiera reelegir, propio de las formas autocráticas y autoritarias, la rancia aristocracia bogotana pondrá el grito en el cielo y sacará otro Juan Manuel Santos, que traiga orden y serenidad. 

Solo nos queda, ante el futuro negro con la pez, apelar a la reserva moral del país del sagrado corazón, la patria milagro de westcol. 

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