EL RETROCESO

Desde el 21 de junio vengo tratando de entender por qué caímos tan bajo de nuevo. Pero de regreso en la modorra de la rutina, mi trabajo y mi precaria salud, empiezo a entender con claridad. No debería ser tan difícil de entenderlo en un país donde le pintaron canas a un cerdito y ahora le pusieron Botox a un camaleón. Abelardo no es un tigre, es un camaleón, y por ello no me preocupa.
En los casi 13 millones de votos por el dandi facho hay varios grupos de votantes que explican lo que pasó.
Está un buen número de los votos de la derecha que el enano de carriel domesticó por años: aquellos que creen que la seguridad es un número y no es un estado de cosas; aquellos que creen que solo un hombre de injerto en pecho y peluquín, tipo bukele, nos salvaría de la ola de inseguridad que vivimos y que por ende, se desmarcaron de la secta del centro democrático porque una mujer y un gay no podrían tomar el toro por los cachos; aquellos que asistieron sin pudor al inicio del posturibismo de manos de la nueva derecha, pura y dura. Ahora resulta que Uribe es el menor de nuestros males!! Esos votantes son normales, no me preocupan.
Están los votos de la clase dirigente de siempre y sus áulicos que gobernaron toda la vida: los “de siempre” que se disfrazaron de los “nunca”; de aquellos prohombres que deben exorcizar el palacio de Nariño de la secta de corronchos y marihuaneros de la izquierda, esa que prometen destripar, que se le metieron al rancho y los gobernaron durante cuatro años. Eso no puede volver a pasar!! Esos votantes son parte de la fauna, no me preocupan.
Está la votación del estallido social de la clase media que odia a Petro: la clase media de algunas ciudades ( en el 40% del país que no hay estado, ni policía, ni agua potable: hay pobres y ricos nada más) que, más pendientes de la llegada del mes de julio para los memes autistas, estallaron con furia inusitada y saltaron la zona de confort a un activismo interesante; esta clase media a la que poco o nada le interesaba la política, forma parte del estado, vive y come del mismo, pero reacciona legítimamente a un jefe de ese estado que a ellos no los representa en sus valores e imagen; estos votantes me rodean por doquier y no son borregos ni nada por el estilo, simplemente entraron al juego cuando la neurocracia primó sobre las propuestas. Esto explica el grupo de WhatsApp de mis compañeros del colegio, todos brillantes profesionales y muy exitosos en lo suyo, que simplemente votaron por conciencia!! Estos votos no me preocupan porque son maleables, al punto que hace cuatro años votaron por Petro y en cuatro años votarán por westcol o polo polo.
El último grupo si me preocupa.
Y son los votantes rabiosos, que botan espumarajos por la boca y destilan discriminación por los poros: me da miedo el votante ganador como Viviane Morales que anuncia un referendo contra la adopción igualitaria, no solo de parejas homosexuales sino también de solteros; de aquellos votantes ganadores que creen que Enrique Gómez es algún tipo de faro intelectual de la estirpe de Laureano o de su tío Álvaro; de los votantes del concejal de Medellín, cuyo nombre ni siquiera merece ser enunciado, según el cual ya se sabe, por los votos de Cepeda, dónde están ubicados los del “voto fusil” y que deben ser bombardeados. No me crean tan marica!! Esa horda de salvajes si me preocupa, porque tiene poder.
Decía al comienzo de estas líneas que Abelardo no me preocupa, porque ocupado como estará en concesionar Santurbán y en establecer el protectorado gringo del Catatumbo, será la mofa durante cuatro años.
No hay discusión de derecha ni de izquierda, ni de espectros ni de extremos, y mucho menos de centros invisibles.
El petrismo, a través del pacto histórico, es la fuerza política más grande de la izquierda de Colombia, y no hay cómo negarlo. Perdió la elección por Petro y estuvo a muy poco de ganarla a pesar de Petro. Pero no nos digamos mentiras: esa es solo una parte del progresismo, un corriente de pensamiento que incluyó a los campesinos, a los negros, a los indígenas, a los LGBTIQ+, entre sectores tradicionalmente olvidados por estado, en una serie de avances o progresos que no son más que el desarrollo administrativo, legal y jurisprudencial de la carta de derechos de 1991.
Ese es el verdadero dilema.
Estamos frente a un progresismo inclusivo que ha trabajado en avanzar en la protección de derechos, y frente a un sector reaccionario que se opone a estos avances, que amenazan el status quo. Por eso vamos en retroceso.
Hace 100 años, en la Europa de la posguerra, a instancias de Dánnunzio, … Hitler, Mussolini… Trump, Netanyahu…
Esa película ya la vi.
