26 septiembre, 2022
Por. Pedro Conrado

La escritura

No, no hay respuestas que satisfagan a nadie, apenas la intermitencia de alguna emoción, de un aguacero infernal, de la escritura que no afloja la calma, de la risa de la tía Miriam, el gesto afable de un amigo, la búsqueda ardorosa de quien soy, o no soy, las piedras en el camino, la lucha del perro por no ser perro, la fruta que amenaza con precipitarse a tierra, las manos que no engañan a nadie, el goce y el sufrimiento, la intriga y la insatisfacción de siempre, ser y no ser, la máscara, todo en unas líneas, la ilusión de los ilusos y los utópicos, la huella de las manos en los libros, la huella de los libros en uno, la intriga, el papel en blanco, la inmovilidad y el silencio, la pereza y otra vez la escritura, la búsqueda, y otra vez la escritura…

Exilio

Mi exilio es voluntario. He matado a la patria. No hay rastros de sangre en ninguna parte de la ciudad, ni en mi cuerpo. Mi espíritu vive ahora errante y solitario. Sin que nada ni nadie lo salve. No acepto otra patria, otra vergüenza más. Viviré esta experiencia con la idea de poder escapar de los uniformes de la justicia que defienden a un Estado criminal, escaparé de la porquería que se cuela todos los días por la voz de los informantes, por la sangre negra de la prensa escrita y por la boca mitómana de los que nos gobiernan. Antes no creía tener escapatoria, estaba reducido a ser un ciudadano impotente. Sin embargo, inventar el crimen de la patria es el primer intento de liberarme de la esclavitud. He decidido ser un ciudadano del mundo. La nuestra no es una patria madre, es una patria de patriarcas y guerreros que se creen amos. Mi espíritu es el de los desplazados, esos hijos de la orfandad y del crimen de Estado. Estoy exilado en las fronteras de una nación-estado. Ahora soy libre, pretendo serlo.

Mi yo

Mi ego aprovecha un descuido de mi conciencia para colarse en la sala de mi yo. Agotado mi cuerpo, resiste la lucha de estos dos gigantes. Él – mi yo – sabe lo poderoso que es mi enemigo y ha pensado en una trampa: el estadio. ¿Podrá el ego localizar mi yo entre tanto público?

Anhelo

Existen los seres que quieren escuchar en la noche la voz de Dios. Otros anhelan el grito sordo del universo. Y hay otros, insignificantes y olvidados por la historia que solo quieren tomarle una foto a la luna. Son los menos cuerdos, pero siguen siendo los más humildes y sencillos del mundo. A veces filman las estrellas.

Las Cartas

Y un adiós es una conversación seria.” (Alessandro Baricco)

Ella me escribió cartas desde la geografía rural de su corazón. En ellas me hablaba de la ausencia de Dios en las rosas moribundas de la Amazonía de su imaginación. Compiló la tristeza de la lluvia y no supo explicar porque la esperanza es la basura de los soñadores.  Me decía en sus cartas que el amor duele en el estómago de las ausencias. Que la distancia no la explican los geógrafos ni Freud. Que el campo es una fiesta olvidada por los poderosos. Como le duele, decía, haberme visto una vez, una sola vez, en la playa de Marbella después de la tormenta del amor. Que le recordé un verso de Neruda en aquel instante. Que el mar es un desierto tan profundo como el cielo. Escribió que el adiós es un laberinto sin regreso, patrañas de amores idos.

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