25 mayo, 2026

Inanición ética: el suicidio de El Heraldo

Desconoció hoy el cierre de campaña de Iván Cepeda. La aptitud de la directora ha sido catalogada como mediocre

Por: Orlando De La Hoz – Senador electo del Pacto Histórico

Hay nostalgias que pesan como lápidas. El nombre mismo lo dice: Heraldo, el mensajero medieval que portaba las verdades de la plaza pública sin el filtro de los señores feudales. Hoy, ese eco es solo un fantasma en Barranquilla. Ha fallecido, por mano propia, el que otrora fuera un diario liberal, pluralista y profundamente demócrata; aquel faro del Caribe fundado el 28 de octubre de 1933 por Juan B. Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vengoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás para romper el sofoco del centralismo bogotano. Un periódico que nació para defender las transformaciones sociales y que se hizo grande bajo las luces críticas de plumas de la talla de Luis Eduardo Nieto Arteta, Álvaro Cepeda Samudio o el mismísimo Gabriel García Márquez.

De ese ágora de la palabra libre hoy solo quedan las ruinas éticas. La estocada final la ha dado su directora, Erika Fontalvo, quien pasará a la historia no por salvar un legado, sino por enterrar definitivamente al diario de la Costa. Si algo hay que abonarle a su gestión —quizás lo único valeroso y honesto— es que decidió quitarse la careta y asumir el sesgo de frente. Ya sabíamos que cojeaban hacia la derecha, pero ahora decidieron firmar su propia acta de defunción moral ante la opinión pública.

El síntoma inequívoco de esta descomposición es el vergonzoso entreguismo a figuras como Abelardo de la Espriella. Que el diario que albergó el rigor de Nieto Arteta y la irreverencia del Grupo de Barranquilla termine hoy postrado a los pies de un personaje caracterizado por la ostentación ramplona, la cercanía discursiva con dinámicas de la violencia y una extrema derecha rancia, es el peor insulto a la inteligencia del Caribe. Cambiaron los debates de altura por el aplauso estentóreo a la opulencia y al sectarismo.

Por eso pierden lectores, suscriptores y audiencias ante las redes sociales y las nuevas formas de periodismo independiente. Su miopía ideológica los está llevando al ridículo informativo de pretender tapar el sol con un solo dedo. El ejemplo más flagrante de esta miseria periodística es su silencio cómplice frente a la fuerza del progresismo: el masivo y desbordante cierre de campaña de Iván Cepeda en el par vial de la 50, que congregó a más de 80 mil almas en el corazón de Barranquilla este domingo, fue borrado olímpicamente de sus páginas. No existió para ellos; prefieren el veto informativo antes que registrar la verdad de una ciudadanía que camina hacia el cambio.

El Heraldo no muere por la crisis del papel ni por el avance tecnológico; murió de inanición ética. Decidieron convertirse en el megáfono privado de unos pocos y terminaron ignorados por las mayorías. Paz en la tumba de lo que alguna vez fue el orgullo democrático del Caribe colombiano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

x  Protección Potente para WordPress, de Shield Security
Este sitio está protegido por
Shield Security