14 abril, 2026

Los Entresijos Del Candidato

Por Giancarlo Silva Gómez

En la palestra ya hay varios nombres de candidatos a la alcaldía de Santo Tomás. No digo candidatos y candidatas porque no tengo problemas con el lenguaje inclusivo, pero tampoco lo utilizo de forma desvergonzada para mover fibras sensibles de género, pues si digo candidatos menciono o me refiero, de contera, a mujeres, lo cual ya he ponderado y celebrado en líneas de artículos anteriores. Las discusiones filológicas y las columnas buenas no son lo mío.

No tengo el más mínimo interés en mencionar nombre alguno de estos pretendientes al solio municipal, pues es muy prematuro y ya es sabido que candidato que apoyó, candidato que se ahoga, así que mi cercanía o afectos no ayudan a nadie, sino que más bien le perjudican porque ya me dicen “la pavita de la muerte” por lo salao. Además, si menciono alguno y olvido a otro, el reclamo es grande.

Así mismo, he mencionado en este medio y en el espacio radial “al derecho y al revés” que comparto con José ramón Mejía hace ya más de 3 años a través de oriental estéreo, que me he retirado definitivamente de la actividad política abierta y pública y me quedaré exclusivamente ejerciendo mi derecho al voto por amistad o por interés (o por las dos razones si se puede) como hice el pasado 8 de marzo, viendo pasar el primer debate de mi vida como ciudadano en el cual no hice parte de campaña alguna.

Pero como este artículo no se trata de mi (sería un bodrio mayor del que ya es) vuelvo a los candidatos a la alcaldía, pues me llaman poderosamente la atención varias cosas.

La primera es que al parecer no tienen posturas presidenciales. Acaban de venir, todos sin excepción, de medirse el pulso en el marco de las elecciones de Congreso y de sacar el listado sibilino y arcano de los ganadores y perdedores del mismo, pero de presidencia ni mucho. 

La segunda es que apelan a aquella máxima de que no hay publicidad buena ni mala, simplemente publicidad. Se les ve activos en medios escritos, sea con editoriales o publirreportajes, se les ve activos en sus redes haciendo obras sociales y comunitarias, se les ve activos en cuanto evento se organice, etcétera. Hago una pausa para dejar una claridad a mis lectores: no juzgo si esas estrategias están bien o mal, para nada; Simplemente dejó sentado lo que a mi parecer están haciendo, aunque no hay que ser un avizor agudo para saber que unos lo están haciendo bien, otros pueden mejorar, unos se ven auténticos, otros sobreexpuestos o falsos, y por supuesto, hay un par que lo están haciendo mal, pero muy mal. 

Lo tercero es que solo ponen el foco en las futuras coaliciones o eventuales alianzas, y poco nada de pronunciamientos sobre temas concretos. Sus opiniones son nulas o gaseosas y te hablan constantemente de quienes lo apoyan y cuánto capital (político y financiero) tienen a su vera como prenda de garantía de su potencial éxito. Pero de los temas importantes, ni una sola palabra. Parecen candidatos sin narrativa.

He intentado entenderlos, y para ello, he hablado con un par de esos candidatos y tratar así, de poner las cosas en contexto.

No pelan los machetes ya sea esperando instrucciones o esperando que los aprontes hípicos les den una idea del caballo ganador en la carrera presidencial; son alérgicos a la derrota y los verás decir que votaron por quien haya ganado. No han creado una estrategia definida de cuáles son los objetivos de su eventual campaña y simplemente son candidatos campana, que se ponen a sonar pa’ ver qué dice el electorado; hacen agasajos sin gracia y sin método solo por sonar más que caldero viejo, llenado las redes de fotos destempladas y mensajes vacíos que decoran el lodazal electoral. No se van a tomar un solo segundo, léase bien, un solo segundo, en aportar al debate soluciones posibles a problemas reales; se dedicarán a hacer gala de la demagogia exponiendo soluciones fáciles a problemas complejos, tomándose fotos de abrazos bienhechores y gritando a los cuatro vientos promesas incumplibles, siempre con miras a ganar el favor de una comunidad que, atónita, espera el desfile los discursos baladíes y la compra de favores y prebendas. Más de lo mismo y menos de lo distinto. 

Por supuesto, y me alegraría que fuera así, puedo estar equivocado, y de acá a junio del año entrante (2027) puede que salgan a relucir nombres de aspirantes que hayan expresado abiertamente su predilección en cuanto a presidencia se refiere, que hayan sido constantes en su estrategia o plan de marketing político, apelando a la programación neuro lingüística y el análisis de datos y que, con tiempo e investigación, hayan estudiado el entorno y estén trabajando en una plataforma de propuestas interesantes y que generen un debate público sobre los temas importantes.

Mucho nombre y poco pronombre. 

A guisa de coda: los candidatos a cualquier cargo de elección popular no nacen, se hacen. Hay más de 20 métodos para llegar a esa construcción, y aunque son distintos y variopintos, todos confluyen en algo básico: crear una buena narrativa de campaña que se comunique bien a través de un relato o mensaje concreto y coherente, aumenta las posibilidades de éxito. 

¿Será que se puede fraguar una candidatura inesperada y sorpresiva? ¿será que alguien se atreve a sacar un conejo del sombrero? 

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