2 diciembre, 2022

La pereza de la indignidad

Por Pedro Conrado Cudriz

Y siguen las masacres, pero ahora es contra los infantes, adolescentes y jóvenes, en la misma geografía de la misma violencia: Aguablanca o Llano Verde, Cali, Samaniego, vereda Santa Catalina, Nariño, Montes de María, Balboa o la localidad de Santa Lucía, Cauca. 

No podemos hablar de otra cosa. No quiero pensar, ni hablar ni escribir de otra cosa. Quien lo haga es un indolente, un sociópata social, un cómplice de la mayor tragedia de un país, la muerte de sus infantes, adolescentes y jóvenes. 

Ni Margarita Cabello y su Procuraduría, ni la virgen de Chiquinquirá, ni el Cristo caído, ni el anti-héroe Uribe. Nada es más importante hoy, ahora.  

Hay que paralizar todo, el país, el gobierno, el comercio. Todo. 

No podemos seguir maquillando la realidad con encuestas inocuas sobre la imagen de Duque y su gobierno, o hablando de las componendas del Senado para la elección del Procurador cuando faltan cinco meses para el cierre de periodo de Carrillo, o seguir pensando en el destino de James en el fútbol europeo, o la Pasión de Gavilanes o Los reyes. 

Si no detenemos las masacres y el crimen contra los niños y los adolescentes, el mundo pensará que la nuestra es una sociedad no viable, mentalmente enferma, una sociedad fracasada como el Estado y el gobierno Duque.  

Es impensable que solo a los dolientes, le duelen sus muertos, como si no fuéramos una nación-Estado.  

No queremos perfiles emocionales de las víctimas, mientras la prensa toda no se conduela y convoque la paralización del país para reflexionar y actuar contra toda clase de crímenes contra los niños y las niñas de Colombia y contra la incompetencia y la negligencia del gobierno nacional. 

Este país necesita indignarse, salir a defender a los niños, a los adolescentes y jóvenes contra la mano negra del crimen. 

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