4 agosto, 2021

La vida es un caos

Por Juan David Alomia

La vida es un caos, un desastre en sí mismo el cual hace relucir frente a ti diversos escenarios, es la rutina del incierto, es un toque de diplomacia frente al que observa, la grieta que se abre a pleno soplo de viento, es la expectativa en quien cree pero también es el quebranto del desalentado. Es la alegría del niño que se levanta luego de su tropiezo, es la animosidad de quien mira con rencor.

Algunos nunca han podido ser lo que han querido, otros lo han conseguido y luego han fracasado y un gran puñado tiene la esperanza de lograr lo que quieren ser.

En esa guerra en plena tormenta que cada persona constata en momentos de su existencia  luchamos por equiparnos intelectual, espiritualmente asimismo en otros factores y hallamos  en nuestro cuerpo siempre la  ardentía para encontrar lo deseable, la felicidad.

El límite borroso de lo que debemos hacer, lo que somos y lo que no hemos hecho  a veces se mancha por el olvido circunstancial o conveniente, alguien lo duda? porque yo no…

En efecto siempre pensamos, pretendemos o presumimos que nos falta algo por lo cual hemos luchado o hemos querido luchar, no siempre nos arriesgamos, a veces somos un intento de lo que queremos ser, unos momentáneamente y otros se eternizan en ello.

Nos enamoramos de objetos, momentos, personas, lugares, lo cual termina afectándonos, no siempre esta palabra se acentúa en negativo, es un relleno o complemento a nuestra existencia. A veces al igual que ello  nos aferramos a situaciones que se tornan cómplices de nuestro presente, en muchas ocasiones reflejando inconformismo, pues nunca tendremos una plenitud permanente.

Habitualmente las circunstancias nos venden asiduas ilusiones y nosotros las pagamos con amor folclórico e incandescente. A todos frecuentemente nos acompaña la ilusión, puede ser muy ínfima pero es lo que revitaliza nuestro existir  tomando forma como un amor al que zucumbimos y nos fue esquivo, una oportunidad laboral inexistente, el declive inoportuno…

Nos reñimos frente a los acontecimientos, algunos despiadados causando un bullicio en nosotros y otros piadosos, apacibles, abnegados a nuestra felicidad; al final esclarecemos   el criterio tardío o temprano que terminamos compitiendo con nosotros mismos…

“El corazón de esta historia defiende la voz o la tribuna del sentir en muchos seres”.

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