6 octubre, 2022

Las consecuencias de la incapacidad de los gobernantes

Por Aramys Pizarro Salas

Durante los últimos cuatro meses el país ha venido enfrentando una de sus peores crisis como consecuencia de la pandemia de COVID-19, grandes aspectos de los sectores que abarcan la economía del territorio nacional se han visto afectados.

Si bien el gobierno colombiano ha destinado 117 billones de pesos, equivalentes a 11,04 por ciento del PIB, para atender la emergencia en sus dos componentes (el sanitario y el económico), las características que ha tenido la pirámide socio-económica en el país, indican que nada podría detener el curso de achicamiento de la clase media y, por consiguiente, de abultamiento de la población en situación de pobreza.

Esta situación ha traído consigo el descontento de la población colombiana, debido a que últimamente se ha notado la incapacidad que tienen algunos de nuestros gobernantes para gerenciar una situación de esta magnitud. Sabemos que nuestro país ni ningún otro está completamente preparado para enfrentar este tipo de adversidades, pero algo positivo que nos deja esto, es que, durante este tiempo de aislamiento social, muchas personas nos hemos dado cuenta de la importancia de saber elegir a nuestros líderes institucionales.

La gran mayoría de personas capaces de comprender y entender este tipo de aspectos, son hoy por hoy, las primeras en entran en acaloradas discusiones que tienen como eje central, los cuestionamientos a las decisiones tomadas por nuestras administraciones.

Históricamente, los grandes caciques políticos de nuestro entorno han aprovechado su poderío económico para incidir en la elección de nuestros gobernantes, lo que posteriormente les permite distribuir y expandir sus tentáculos en el orden nacional a través entidades y ministerios, y en el contexto municipal mediante alcaldías y secretarías.

La planificación, organización, dirección y control son aspectos fundamentales que debe dominar una persona que sea elegida o designada para desempeñar un cargo público, ya que en momentos de eventuales adversidades esas capacidades van a constituir su principal arma para enfrentar, desde un punto de vista gerencial, las amenazas que las crisis traigan consigo. La pandemia de COVID-19 nos ha recordado que los cargos públicos, en su gran mayoría, son otorgados por componendas políticas o favores personales, ubicando en determinadas posiciones a personas sin conocimiento o experiencia en los temas que abordan, subestimando las graves consecuencias para la sociedad, que su incapacidad podría acarrear.

El sector salud es uno de los más discutidos por parte de los ciudadanos, teniendo en cuenta que las acciones tomadas referente a la pandemia no han sido las mejores. Sin lugar a dudas, los sectores de menor estratificación han sido los más damnificados, padeciendo situaciones como la falta atención hospitalaria y la escasez de recursos médicos que los ayuden a sobrevivir durante el aislamiento obligatorio.

En fin, esta situación de dificultad ha puesto en evidencia la incapacidad de muchos de los gerentes públicos, no se observan acciones que demuestren la efectividad de sus gestiones; y ante esto, surgen los interrogantes de cuáles deberían ser las características de la nueva generación de nuestros gobernantes, y cuáles serían las estrategias para que ciudadanos con gran nivel académico, con significativas experiencias profesionales y empresariales, actitudes de liderazgo e importantes valores humanos, puedan acceder a las instancias de gobierno sin depender de los grupos políticos tradicionales y el poder de los conglomerados económicos.

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